Qué tan larga ha de ser una novela

Escultura metalica, vista parcialCon cierta frecuencia me preguntan por qué mis novelas son tan largas.
Algunos me dicen que escribo demasiado.
Yo suelo repreguntar, a mi vez:

¿Qué tiene de larga una novela de seiscientas u ochocientas páginas?
¿Qué es escribir demasiado?
¿Para quién resulta demasiado? Porque para mí no lo fue escribiéndolas.

¿Cuántos kilómetros estás dispuesto a conducir tu auto para ir de vacaciones a donde quieres? Si estoy disfrutando no me importaría darle la vuelta al mundo. Lo único que me interesaría de los kilómetros sería solamente para calcular la gasolina en cada tramo y el tiempo.

Porque todo eso que uno me dice que le resulta innecesario en mis novelas, otro me lo agradece y alaba y otro más me dice que me quedé corto. Por cada uno que me critica que hubo demasiadas escenas de amor, quizás otros cinco me dicen que quedaron con ganas de más. Así que… Yo aplico el punto 6º de William Zinsser, que se aclara más abajo.
Porque cada lector tiene sus preferencias por un género literario en particular, y los hay que no reaccionan bien cuando se los mezclas en una misma obra. ¿Y cómo no mezclarlos?

Aunque a ti no te gusten las novelas románticas, porque las consideras cursis, sino las de espías y policíacas ¿te vas a quejar de que en una haya una relación de pareja con escenas de amor? ¿O es que los policías, espías, contrabandistas y narcotraficantes no tienen derecho a tener una familia y a enamorarse y divorciarse, a pelearse y reconciliarse; tan igual como el panadero de la esquina de tu casa? En ese caso, nunca habrás leído una novela sobre James Bond ni visto sus películas.

¿O no te esperarás que en una romántica haya un trasfondo de misterio, contrabando, asesinatos y aventuras? Porque si este es el caso, quizás tengas setenta años y creciste leyendo las castas novelitas políticamente correctas de Corín Tellado. Tranquilo, que no te critico porque yo me leí bastantes de ella siendo adolescente, así como las de vaqueros. Era lo que tenía a mano y el asunto era leer.

De entre todo lo que hay disponible en libros impresos, así como en artículos y en blogs a través de Internet, que pretenda dar buenos consejos para escritores, me he encontrado de todo y, en ocasiones, totalmente contradictorio. Porque lo que resultó bueno para uno no necesariamente lo será para otro, y cada quién tenemos nuestras propias ideas. Al fin y al cabo, esos consejos no son más que opiniones personales que reflejan los gustos y preferencias de unos y de otros. De aquellos, porque se dedican al trabajo editorial y tienen más conocimientos del medio y sus normas (aunque ellos nunca hayan escrito una novela corta o un cuento). Estos porque son escritores de larga trayectoria y cierto éxito; otros porque son críticos literarios; otros… sabrán ellos por qué. Los consejos varían desde el consabido y trillado:

¿A qué audiencia va dirigida tu novela?
Eso es lo primero que tienes que tener en mente antes de comenzar a escribir. (¡?)

Yo no he escuchado ni leído que a un pintor o a un escultor, cuando estrenan una exposición, les pregunten a qué público va dirigido cada cuadro o escultura.

Los consejos se extenderán a la cantidad de capítulos y la longitud de cada uno, y hasta la de páginas y palabras que algunos consideran más adecuadas para el subgénero literario en particular. De nuevo: son simples opiniones que reflejan preferencias y gustos. A mi novela Amor en Tánger, con sus 827 páginas que era el límite máximo, esos consejeros la califican como de demasiado extensa para una romántica. No obstante, no han faltado quienes me pregunten si no tendrá una segunda parte.

El caso es que, en mi criterio, nadie puede indicarte, por más que algunos lo pretendan, cuál es el secreto del éxito de una novela. Porque dependerá de a quién le preguntes, en qué país sea y sobre qué vaya. Como tampoco le pueden indicar a un director de cine cuál es la combinación perfecta para que una película sea taquillera. Porque si le preguntas a los de Hollywood te darán una posible fórmula, los de Bollywood en India darán otra distinta, los chinos otra y los productores en España te dirán… Si son sinceros te dirán que no tienen la menor ida, porque sus películas suelen ser un completo fracaso, a tal punto de que pareciera que tan solo les interesa la subvención que les dan, y no tanto la recaudación en taquilla.

Como he mencionado, de entre los consejos para escritores no faltan los que se centran principalmente en la extensión de la obra. Si por las editoriales fuera (me refiero a las españolas), te dirán que lo “ideal” son las novelas de entre trescientas cincuenta y cuatrocientas veinte páginas. Pero es tan solo porque, por lo que me han referido, tienen un grosor adecuado para no ocupar demasiado en los exhibidores y, además, les resultan mejores para fijar un precio de venta uniforme, nada más.

Los hay que te dirán, muy doctoralmente, cuál es la extensión óptima de acuerdo con la temática. Variará según sea una novela de ciencia ficción, fantástica, de suspenso, policíaca, romántica (que son las que más cortas quieren estos aconsejantes, porque no les puedo llamar consejeros), las novelas históricas, etcétera.

Yo soy muy renuente a clasificar mis novelas dentro de un subgénero literario específico. Ya que es imperativo para poder publicar, yo lo hago a regañadientes, intentando conseguir el más adecuado entre las opciones que la editorial me propone. Porque fuera del hecho de que todas mis novelas son ficción (ninguna trata de un hecho real por completo), por lo demás pueden encuadrarse dentro de distintos subgéneros. Algunas entran perfectamente dentro de las novelas de corte pseudo-histórico. Yo prefiero llamarlo de esta manera y no históricas.

En cuanto a la extensión, estoy claro de que hay lectores que buscan novelas cortas, que les den para leer entre cuatro estaciones del tren camino al trabajo y la terminen al regreso. A otros no les importa soportar el peso de 1200 páginas de una novela que les apasione y, al final, siempre les habrá resultado corta.

Yo no voy a dar consejos en este particular, no es mi estilo. Diré lo que yo hago, y que cada quién vea si le acomoda o no.

A la hora de ponerme a escribir una novela, mi única preocupación ha sido la de no exceder las 828 páginas, que es el límite que Create Space fija para la encuadernación de libros en papel blanco. La mayoría de las veces no me ha resultado sencillo. Por eso es que resulta mucho más cómodo y sencillo publicar en formato digital.

Si algún problema tengo como escritor, no es el de carecer de las ideas suficientes para llenar esa cantidad de páginas (y por ello doy gracias a las musas), sino el de decidir qué tanto de lo que tengo en mente he de omitir, por límites de extensión o de conveniencia. He tenido que dividir obras en dos e incluso en cuatro tomos. Y el caso es que no resulta nada fácil decidir por dónde picar una novela, porque no es asunto de hacerlo por cualquier parte, solamente porque llegaste al límite de páginas encuadernables.

Si yo puedo decir que tengo cierta empatía por algún escritor actual lo resumiría en solamente dos: Paulo Coelho (con el que tengo puntos en común) y Ken Follett (más cercano a mi forma desenfadada de pensar y de ver esto). De este último, quien nació en el mismo año que yo, apenas tres meses después, tomaré dos de sus respuestas a una entrevista que le ha hecho David Yagüe el día 5 de este mes en el diario español 20 minutos, con ocasión de la presentación en España de su última novela titulada Una columna de fuego. Yo considero que resumen muy bien mi propio sentir en esos dos aspectos. Me tomo la libertad de transcribirlas (los destacados los he añadido yo) y recomiendo que la lean completa en su fuente:
http://www.20minutos.es/noticia/3151747/0/ken-follet-nobel-maserati-una-columna-de-fuego-entrevista/

Pregunta: Sus novelas históricas son siempre muy largas, ¿por qué?

Ken Follett: Una novela normal que tenga 100.000 palabras no es más que una fotografía de los personajes en un momento determinado de sus vidas. En una novela larga como esta, puedo contar toda la vida de los personajes. Los vemos cuando son niños, cuando crecen, los vemos enamorarse, tener hijos, hacerse viejos… Podemos ver cómo algunas de sus esperanzas se cumplieron y otras no; igual que sus temores. Y eso es algo muy satisfactorio de escribir y creo que a los lectores también les gusta. Cuando escribí Los pilares de la tierra, escribí cien mil palabras y me di cuenta que no había hecho más que empezar. Necesité otras 300.000 para terminarlo. Tenía que hacerlo así porque todos sabemos que construir una catedral lleva muchísimos años. Con Los pilares de la Tierra tuve que escribir un libro largo porque la historia lo requería. Ahora es un tipo de libro que me atrae escribir.

Pregunta: También suele incluir pasajes de sexo habitualmente en sus historias.

Ken Follett: En una novela siempre hay un conflicto emocional. A veces son dos hombres que se odian o dos personas que se aman. Ese tipo de emociones necesitan una resolución física. Todas las historias de amor son Romeo y Julieta. Dos personas que se quieren y no pueden estar juntos. Sea cual fuera la razón, ellos se miran y desean estar juntos y solos un rato para hablar y besarse, pero no pueden. Y después de 300 páginas de mirarse y anhelarse, por fin están juntos. Entonces tiene que haber una resolución física y el lector moderno quiere estar ahí cuando se quitan la ropa y se meten en la cama. Y por eso hay sexo en mis novelas.

Es imposible conocer a una persona que te acaban de presentar, por muy psicólogo que seas. Es más, puedes tratar a un compañero de trabajo o de aula durante todo un año y crees que lo conoces. Lo más probable será que, después de ese año, el día en que salgas a echarte unos tragos con él, o lo conozcas en su casa y en familia o departiendo en la playa, te encuentres con que era muy poco lo que conocías de él y que, quizás, ni es como te lo imaginabas. Porque no se trata igual a una amiga que a una novia, ni a los familiares igual que a los amigos, ni a estos se les trata tan igual como a los simples conocidos.

De similar manera, a mí me gusta ir presentando mis personajes principales poco a poco, de manera que el lector los vaya conociendo en sus diferentes facetas. Un poco será en una conversación aquí, otro poco en unos hechos allá; otro poco hurgando en sus pensamientos y reflexiones, y otro poco cuando está con la persona a quién desea o ama. Tal como la vida misma. Y eso se lleva sus cuantas páginas, cuando no la novela completa.

En una ocasión leí, creo que fue en el libro Tus zonas erróneas o en el de Tú estás bien, yo estoy bien, que lo normal era que en una reunión en la que había una persona desconocida para el grupo, tendieran a sentirse inquietos. Intentarían cuanto antes saber cuál era su profesión u ocupación. En cuanto la persona decía que era músico, banquero, diseñador de moda, sastre, ingeniero de caminos, arquitecto, zapatero o vendedor en una tienda, las tensiones desaparecían porque ahora ya lo conocían y sabían cómo tratarlo. En realidad, como el autor del libro decía, lo único que habían hecho era etiquetarlo y con ello revestirlo de los estereotipos que cada uno tenía formados para esas profesiones.

No se puede conocer el contenido de una novela por la sinopsis de la contraportada, ni siquiera por un resumen extenso de tres páginas, por más mago que seas resumiendo. ¿Podrían imaginarte todo el contenido del primer tomo de Juego de tronos, solamente por la sinopsis? ¿O el primero de El señor de los anillos o el de la saga Milenium? Pues puede ser muy difícil, si no imposible, conocer a un personaje principal en cinco páginas, mucho menos en un párrafo, porque podrían haber muchas sorpresas con él.

De todos los consejos que he leído, de escritores para escritores, me he quedado con tres, en ese mismo orden, atribuidos al escritor William Zinsser. Porque resultó ser que es lo que yo hago usualmente y ellos lo resumen muy bien.

6º. No pregunte quien es su audiencia… usted es la audiencia: “Su escritura es primariamente para su propia satisfacción y si lo hace con entusiasmo también entretendrá a los lectores por los cuales también merece la pena escribir”.

9º. Lea todo lo que escriba en voz alta para el ritmo y el sonido: “Los buenos escritores de prosa deben ser un poco poetas, escuchar siempre lo que escriben”.

10º. Y nunca piense que va a escribir algo definitivo: “Decida qué esquina va a cortar y esté contento con cubrirla bien y pare”.

http://www.notasaprendiz.com/blog/10-consejos-sobre-escribir-del-legendario-william-zinsser

Este último cosejo es el que me resulta más difícil de seguir porque, como ya dije, poner y agregar me resulta muy sencillo; quitar no lo es tanto. Pero llega el momento en que hay que hacerlo, aunque duela, y en la cuarta, la séptima o en la vigésima lectura de revisión, hay que decidir qué es lo que se va a cortar y encontrar la mejor manera de tapar ese hueco e integrarlo. Debido a esto, más de una vez he tenido que mover escenas, páginas e incluso capítulos completos de atrás para delante y viceversa, con la complejidad que eso conlleva. Afortunadamente, yo suelo llevar un completo y exhaustivo control de escenas y de la línea temporal, o sería imposible realizar esos cortes y movimientos sin dejar agujeros.

De las novelas que yo tengo publicadas en papel, que suele ser en el formato de 6″ x 9″, estas son sus extensiones en palabras y en número de páginas impresas.

Título Palabras Páginas
1- La mina del espíritu errante 56.320 244
2- La rosa de Tánger 153.440 577
3- Amor en Tánger 228.000 827
Tetralogía almas gemelas:
4- Faysal Al-Akram, el Jeque 226.000 823
5- Amina y Záhir (4 tomos) 794.000 3120
6- La comunión de los ángeles 137.480 540
7- Amanón (2 tomos) 397.000 1600

De la última que estoy escribiendo, titulada Toda una vida sin ti, estoy en el segundo tomo y ya llevo escritas más de 318.000 palabras entre los dos.

En definitiva: no me preocupa la extensión de mis novelas ni me ocupo en controlarla. No comienzo a escribir pensado en cubrir un tomo, dos ni tres; simplemente comienzo y la propia trama me irá llevando hasta donde lo considere adecuada para desarrollarla. Al finalizar, ya veré si es preciso reducir cuarenta o cien páginas para ajustarla a un solo tomo de 828 páginas o si, por el contrario, me conviene más un par de ellos con 500 páginas.

Tampoco pienso hacia qué tipo de lectores va dirigida la novela. Escribo disfrutando de cada línea, de cada situación, de cada diálogo, como si yo fuera el lector más fanático.

Dentro de los críticos ha habido alguno que otro que se tomó la molestia de indicarme todo lo que yo pude haber omitido porque, según él, era innecesario para la trama. A estos yo suelo decirles, a mi vez:

Quizás haya sido poco necesario o no y quizás habría estado mejor sin ello o no. Pero si la novela no tuviera todo eso que me indicas la habrías escrito tú y no yo.

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