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imagen del autor J.A.Diaz G.1. LO ELEMENTAL
Fecha de nacimiento: 03-03-1949
Lugar de nacimiento: Asturias, España
Signo Astrológico: Piscis. (El búfalo de agua chino no me calza)
Ascendente: Virgo (Al parecer)
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Aficiones.
Pensar, leer, escribir, pintar, vivir la naturaleza y los animales; cabalgar, navegar en velero, bucear; pensar nuevamente y plasmar las ideas en alguna creación.

Me agrada el bricolaje de carpintería y herrería, las manualidades en general. No hay como observar el fruto de una idea llevada a la realidad, sea una silla, una pintura o una novela, un arreglo floral o una pajarita de papel en un ejercicio de papiroflexia.
Siempre me han atraído la arquitectura, el periodismo, la psicología, la parasicología, la metafísica, las leyes, las religiones comparadas, la computación…, entre muchas otras cosas. En organizaciones abiertas, semiocultas, ocultas, herméticas, al vacío y topperware, he realizado estudios e investigaciones formales e informales, en esas áreas y también en otras. Las inclinaciones en mi vida conforman una ensalada de múltiples texturas, colores, sabores y aromas.

Lo que más anhelo: La sabiduría, para conocer cuándo tengo que dejar de perseguir algo, por no ser llegado el momento o, por el contrario, cuándo insistir un poco más para alcanzarlo.
Mi ideal: La perfección. Porque sé bien que es inalcanzable. Es como escalar una montaña que no se conoce. Cuando uno piensa que ha llegado a la cima, ve que solamente ha coronado una loma más en la ascensión. Sin embargo, fue necesario llegar hasta allí para darse cuenta de la existencia del siguiente nivel.

Todo es perfectible: las cosas hechas por el hombre son perfectibles, el mismo ser humano es perfectible; el alma, incluso, es perfectible. Quien piense que, en este mundo, está cerca de alcanzar la perfección, que me llame, porque tendré el placer de estar hablando con un ángel. Quien sepa que ha alcanzado la perfección que me busque, por favor, yo se lo agradeceré, porque tendré la dicha de estar hablando cara a cara con un dios.
Yo, quizás como buen pisciano en mi dualidad, vivo de manera constante entre dos mundos: uno de los delfines que yo soy se conforma y disfruta con su acuática vida; el otro, más inconforme, salta fuera constantemente, buscando estar en el aire y el universo el mayor tiempo posible.

2. LO BANAL.
Todos nacemos pintores.
Mucho antes de caminar ya pintamos. Cualquier cosa que encontremos a mano es válida para hacer rayas sobre las sábanas, paredes, piso y donde se tercie. Si un bebé no tiene nada mejor, veremos que sus propios dedos son buenos pinceles, para pintar sobre lo que consiga, untados en la propia caca, que para eso es de él. Eso lo hizo mi creativa hija mayor, varias veces.

En nuestro crecimiento, para cuando logramos decir un par de frases decentes, ya mucho antes hemos garrapateado unos cuantos palitos, cuadrados y círculos formando una casa, un pajarito o a papá y mamá; aunque los colores se salgan de los bordes por no conocer límites. En definitiva: resulta más fácil y natural pintar que hablar o escribir.

Mis padres emigraron desde Asturias a Venezuela allá por 1953. Un año más tarde, teniendo yo cinco de edad, me llevaron con ellos. Con diez años me enviaron de vuelta a España, para que hiciera el bachillerato. Y como en Caracas yo estudiaba en el colegio de La Salle, fue natural mi transición para el colegio homólogo, en Palencia. Corría el año académico de 1962. Allí me resultó interesante ver la forma en que las palmas de mis infantiles manos se encallecían. En parte fue por tanto jugar al frontón y, en parte, por los azotes en ellas con vara, de la que algún que otro hermano era aficionado al uso, como medio correctivo, porque «la letra con sangre entra», decían.

Para comenzar el cuarto año de bachillerato me cambiaron para el colegio Santo Domingo de Guzmán, de los Padres Dominicos, en Oviedo, la capital del Principado de Asturias. Fueron años de aprendizaje, en muchos sentidos. Allí descubrí que la velocidad de la mano de un padre dominico, puede ser superior a la capacidad de captación del ojo humano. Sobre todo cuando esa mano está dirigida a darte un hostiazo de padre y señor nuestro. Pero, con todo y eso, fueron mis años más hermosos; no por el colegio, precisamente, de cuya vida tengo buenos recuerdos, a pesar de todo, sino por mi vida cuando no estaba en él.

Mi idilio con España terminó bruscamente en el año de 1965. Fue cuando explotó la bomba atómica. Y no es que tenga yo una confusión de fechas. Pero fue entonces que mis padres decidieron llamarme, para que regresara nuevamente a Venezuela. No hubo preguntas ni derecho a pataleo. Yo no quería; pero en esa época mi opinión contaba menos que el maullido de un gato en medio de una reunión de la OEA.

Siempre atraído por el mar —pez, al fin y al cabo—, me interesé en saber cómo hacían los navegantes para conocer su posición, trazar sus rumbos y llegar justo a donde ellos querían. Así que, ni corto ni perezoso, en 1968 ingresé en el régimen de internado paramilitar de la Escuela Náutica de Venezuela. Me gradué en octubre de 1971 con el título de Segundo Oficial de la Marina Mercante, siendo el primero de mi promoción, en la especialidad de navegación. Ese mismo mes de noviembre, ingresé en la flota de buques petroleros de la compañía Shell de Venezuela, basada en Maracaibo.

Pronto me di cuenta de mi error. Aquella vida no era precisamente para mí, por lo que la dejé al cabo de pocos años. Sin embargo, el mar y los buques no terminaban allí. Es difícil escaparse a algunos errores de juventud, y a algunos gustos que se llevan en el alma desde otras vidas.

Algunos años después ingresé al Cuerpo de Pilotaje, primero como Piloto Navegador (Práctico) en el Río Orinoco, luego como Piloto de Puerto en la ciudad de Puerto La Cruz, en cuya Capitanía de Puerto ejercí varios cargos administrativos, incluyendo en el de Adjunto al Capitán de Puerto. Esas ocupaciones duraron muchos años más de los que yo hubiera querido, aunque de eso, sinceramente, no me arrepiento para nada.

En algún momento recuerdo que me casé. ¿Hijos? Yo tan solo quería dos: un varón y una hembra —la perfección, para muchos—.El varón vino de primero, sin ninguna prisa por su parte, quizás algo indeciso, pensando si bajo el signo astrológico de Piscis prefería el siempre evaluativo e indeciso ascendente de Libra, de esa hora, o mejor esperaba un poco. Al final lo agarró el parto sin decidirse.

Pocos años después, la hembra, por el contrario, llego mandona, pidiendo pista para aterrizar, apurada por vivir y hablar, poniendo a correr a todos… menos al médico partero. Ella tenía mucho que decir —aún no ha parado— y, como buena representante del signo del Escorpión, no le importó en absoluto el ascendente que tendría; le daba igual. Pero que haya sido Cáncer… Les advierto: nunca pidan que un hijo sea travieso y tremendo, mucho menos una hembra, porque el Cielo los puede complacer.

Ajeno a mis deseos personales como padre, el destino, por su lado, había escrito que tenían que ser tres hijos, de cualquier forma. Así que, la otra hija que me tenía guardada como sorpresa, llegó cuando a ella le dio la gana. Alguien le contó eso de: «pedid y se os dará», y ella se lo creyó. El caso fue que a ella le funcionó: tuvo lo que pidió, en el momento en que lo pidió.

3.- LO TRANSCENDENTE.
Cuatro declaraciones de principios.

En lo religioso:
Por esos accidentes geográficos, quizás porque la cigüeña ya iba algo cansada y no logró remontar sobre los montes, o por lo que haya sido, yo nací en una población y una familia católica, apostólica y romana, aunque poco practicante, por no decir muy poco. Vamos, que formaban parte de la mayor rama del catolicismo. Sin embargo, aun cuando sigo dentro de la Iglesia Católica porque, la verdad, igual me da que piensen que estoy, puedo afirmar que no me encuadro dentro de una corriente ni me dirigen doctrinas religiosas de ningún género específico.

Me rijo por mis propias creencias fundamentales, más bien eclécticas, porque contienen ideas de distintas corrientes filosóficas. Opino que ninguna religión es portadora de la verdad absoluta, para querer imponerse a las demás, menos aún si lo hace aplicando la intimidación y la fuerza. No recuerdo quién fue el que dijo:
«No le quites a un hombre sus ideas, si no tienes otras mejores con que sustituírselas».

¿Y quién les habrá dicho a cada una de las religiones que todas sus ideas son las mejores? Yo, de ser seguidor de algo, quizás lo sea del camino del medio… siempre que no sea el más transitado, ya que, en ese caso, de seguro que buscaré otro. Porque, como dijo Facundo Cabral en una de sus canciones:
«Lo conocido de seguro que ya no tiene misterio».

Pienso que un hombre de convicciones profundas, es aquel que pude morir por sus ideas, pero nunca matar por ellas.

En lo político:
Nunca he tenido afiliaciones políticas ni preferencias o inclinaciones marcadas por ningún partido o corriente social. Todavía hoy sostengo que no me importa el nombre que se le de al sistema político que me gobierne. Me da igual que sea monarquía, presidencialismo o cualquier otra forma de gobierno, con tal de que el país prospere y los ciudadanos tengan trabajo estable y adecuadamente remunerado, seguridad social, bienestar total y libertades, en el sentido más amplio y real de la palabra. Podía haberlo resumido en una sola palabra: felicidad. Pero una felicidad real, no virtual.

En lo deportivo:
¡Viva el ganador! ¡Arriba el mejor!
Tampoco pertenezco ni he pertenecido a ninguna peña deportiva ni tengo club favorito. No me interesa si la liga la ganó el Real, el Atletic, el Barsa o el Sporting de Gijón. ¡Que gane el mejor! Y aborrezco las corridas de toros, así como todo lo que implique peleas de animales o el sacrificio inútil de ellos.

En lo fundamental:
Respeto absoluto por el medio ambiente y la vida, sea de personas, de animales o plantas. Todos tenemos cabida en este planeta. ¿Cuántas especies hemos contribuido a que desaparezcan? Me encanta la madera, adoro un buen mueble de sólida madera; pero si eso va a significar el fin de los bosques en donde tan bien me encuentro, prefiero sentarme, comer y vivir entre plástico reciclado.

En lo literario:
Tengo unas cuantas cosas escritas.

4. LO FORMAL e INTRANSCENDENTE
Oficial de Marina Mercante.
Piloto-Práctico de la Marina Mercante.
Licenciado en Ciencias Náuticas.
Abogado.

Puedes invitarme a conversar en tu casa. Eso sí, no cometas la descortesía de tener el televisor encendido, porque saludaré entrando, me despediré y me iré.

Alfredo Díaz.

 

Mi presencia en Internet, desde el 25 de julio del 2005.
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