Requiem para un suspiro

La noche oscura, profunda,
la luna llena
como ojo amarillento en cabeza de cíclope,
tiñendo de rosa y violeta pálido las nubes cercanas,
desparramando una luz melancólica.

Las olas llegaban mansamente hasta la orilla,
susurrando,
revolviendo sutilmente la arena aún cálida,
acariciando,
invitando
como si supieran;
más bien parecía que arrullaran.

No sé si fue la naturaleza
o alguna extraña fuerza
que se cruzó entre los dos;
no puedo precisar,
no quiero.

Viene a mi mente el aroma del viento
trayendo de lo lejos el chasquido de las hogueras
encendidas en la playa;
las risas de la gente,
el rasgar de unas guitarras
y un canto bien entonado
con profunda voz de hombre.

No,
no recuerdo todo aquello
con completa claridad,
ni aun siquiera su nombre.

Lo cierto fue que la quise,
y en aquel grato momento
en que ella dijo sí,
cómplice la oscuridad,
como el imán y el hierro
nos estrechamos los dos
en un firme cuerpo a cuerpo;
y en un sordo frenesí,
entre suspiro y suspiro
que tanto evoco yo ahora,
estalló el voraz incendio
que solo apagó la aurora.

12-02-1969

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