El uso de las comillas angulares en los diálogos y pensamientos

Abstracto
Son tantos los errores con los que me he encontrado en este sentido, que he considerado conveniente escribir sobre ello.

En los libros impresos en editoriales tradicionales, que han pasado por un revisor y corrector, no he encontrado ningún error en este sentido, pero sí en los autopublicados y, sobre todo, en blogs y publicaciones en la Web.

Las referencias numéricas que coloco entre paréntesis son todas alusivas a la edición del libro Ortografía de la lengua española de la Real Academia Española, 2010; Espasa Libros, S.L.U., 2010. ISBN 978-84-670-3426-4. Todas ellas correspondientes al Capítulo III El uso de los signos ortográficos.

El uso de la raya en los diálogos (3.4.7).

Quienes leen novelas ya sabrán que, en los textos narrativos, en la reproducción escrita de los diálogos entre dos o más personajes se utiliza la raya (—), como signo de puntuación que es (3,4,7,2,1). Y me refiero a la raya y no al guión (-), que es de menor longitud. La raya precede a la intervención hablada de cada uno de los interlocutores, tal como en el siguiente ejemplo que da la RAE (1):

—¿Cuándo volverás?
—No tengo ni idea.
—¡No tardes mucho!
—No te preocupes. Volveré lo antes posible.


Queda claro que se trata del diálogo entre dos personas, no entre cuatro, y ya sabemos previamente quiénes son. Si no fuera así habría que identificar a los interlocutores, nuevamente mediante el uso de la raya, que también se utiliza para los incisos. Hay varias maneras de hacerlo y una de ellas sería (2):

—¿Cuándo volverás? —preguntó Rosa.
—No tengo ni idea —respondió Santiago.
—¡No tardes mucho!
—No te preocupes. Volveré lo antes posible.

El uso de las comillas angulares en los diálogos y pensamientos (3.4.8).

Ahora bien, el caso del que quiero ocuparme en este artículo es el de aquellas situaciones en que se recogen los pensamientos del sujeto, y la forma de representarlos en un texto escrito.

Para esto se utilizan unos signos ortográficos dobles muy específicos, que son las comillas. En español son conocidas como las comillas angulares, latinas o españolas (« »). También hay las comillas inglesas (” “) y las comillas simples (‘ ‘). El hecho de que se les denomine signos ortográficos dobles es porque se utiliza uno como apertura del texto y otro como cierre. Salvo las excepciones que mostraré. La raya o guion largo, en algunos casos es también un signo doble, debido a que hay que cerrarlo.

La RAE indica que: «En los textos impresos, se recomienda utilizar en primera instancia las comillas angulares, reservando los otros tipos para cuando deben entrecomillarse partes de un texto ya entrecomillado. En este caso, las comillas simples se emplearán en último lugar». Y pone como ejemplo (3):

«Antonio me dijo: “Vaya ‘cacharro’ que se ha comprado Julián”».

Vemos el uso de las comillas angulares como signo delimitador (3.4.8.1.) Concretamente en la reproducción de pensamientos (3.4.8.1.2) en textos narrativos como las novelas y cuentos. Este primer ejemplo que voy a escribir está representado DE MANERA INCORRECTA (4).

El teniente de policía Sandoval iba con las manos en los bolsillos de su gabardina, completamente ensimismado en sus pensamientos.
—¿Por qué tengo esta sensación de desasosiego?
—No dejo de pensar en el cadáver de esa mujer.
—¿Fue necesario tal ensañamiento en su asesinato?
—Da la impresión de ser un crimen pasional o por venganza, no algo circunstancial.
—Creo que ya me estoy haciendo demasiado viejo para esto.
—Me falta tan poco para la jubilación.

¿Cuál es el ERROR aquí?
Evidentemente que el uso de las rayas.
Porque el lector lo tomará como el diálogo entre dos o más personas, lo cual lleva a confusión porque no se sabe cuáles ni cuántas son. La representación correcta sería (5)

«¿Por qué tengo esta sensación de desasosiego?
»No dejo de pensar en el cadáver de esa mujer.
»¿Fue necesario tal ensañamiento en su asesinato?
»Da la impresión de ser un crimen pasional o por venganza, no algo circunstancial.
»Creo que ya me estoy haciendo demasiado viejo para esto.
»Me falta tan poco para la jubilación.

Según la RAE (3.4.8.1.2): Se emplean las comillas para enmarcar, en las obras literarias de carácter narrativo, los textos que reproducen de forma directa los pensamientos de los personajes.
Cuando los pensamientos del personaje ocupan varios párrafos, se colocan comillas de cierre al comienzo de cada uno de ellos (salvo, claro está, el primero, que se inicia con comillas de apertura).

Considero necesario aclarar que cuando el pensamiento del sujeto ocupa un solo párrafo, este ha de finalizarse con las comillas de cierre. Ejemplo (6):

El teniente Sandoval dio un vistazo a los nubarrones que cubrían el cielo y se dijo:
«Mejor me voy para casa antes de que este diluvio me caiga encima».

[Observa que, al igual que en el ejemplo #3, el punto final va por afuera de las comillas, no dentro de ellas].

En cambio, cuando los pensamientos del personaje ocupan varios párrafos, como en el ejemplo precedente (5), el último párrafo no se cierra. No solo que no es necesario, sino que gramaticalmente no se puede, ya que se inició con las comillas de cierre.

La mezcla del monólogo verbal con los pensamientos.

Dentro de una narrativa, y tal como en la vida real, no es infrecuente que una persona hable consigo misma, sea en voz alta, en voz baja o en susurros. Si ese monólogo ocupa un solo párrafo, por ser verbal se iniciará indicado mediante la raya (7).

—Por si la maldita lluvia fuera poco, encima este frío de mierda —se dijo el teniente Sandoval.

Sin embargo, puede ocurrir que el sujeto continúe con un monólogo no verbal, un diálogo interno o, dicho de otra manera, con el discurso de sus propios pensamientos. En ese caso, estos se habrán de representar con las comillas angulares (8):

El teniente Sandoval se dijo:
—Por si la lluvia fuera poco, encima este frío de mierda.
«¡Maldita sea! Esta gabardina no me abriga lo suficiente. Tuve que haberme puesto más ropa debajo. ¿En que estaba pensando cuando salí de casa?
»Yo no sé qué le ven de bueno al invierno; es una mierda.
»Y pensar que hay tantas personas que lo prefieren al verano.
»Quizás sea porque abrigándose bien se puede evitar el frío, pero ni desnudándose por completo se evita el calor.
»Quizás.
—Pero yo prefiero el calor.

En esta secuencia de siete párrafos del monólogo no nos cabe ninguna duda de que se trata de una única persona. La primera raya nos muestra que ella ha dicho aquello de manera verbal. En el segundo párrafo, la apertura de comillas indica que inicia sus pensamientos, y que continúa en un monólogo interno que recogen los siguientes párrafos iniciados con comillas de cierre. La última raya no implica la participación de otro personaje —ya que no se ha mencionado ni se introduce—, sino que indica que el sujeto se ha expresado de forma verbal. Y así podría continuar mezclando expresiones verbales y pensamientos.

La división en párrafos. ¿Necesidad gramatical o conveniencia?

Una observación que me parece pertinente y oportuna, con respecto a este último ejemplo (8), es el motivo por el que los pensamientos del personaje se encuentran divididos en distintos párrafos. Quizás te podrías preguntar:

¿No podrían haber estado todos en un solo párrafo? Por supuesto.
¿Y por qué están separados?
Para mí es un recurso narrativo que utilizo bastante.

Como sabemos, el punto y coma denota una pausa mayor que la de la coma. El punto y seguido, además de sus funciones propias, denota una pausa más larga aún que la del punto y coma. En este caso del ejemplo #8, la separación en párrafos realizada a los pensamientos del personaje y que equivale a la existencia de un punto y aparte, fuerza al lector a una pausa más larga para cambiar de párrafo. Con ella, el autor quiere indicar que el personaje ha mantenido un silencio interno entre un pensamiento y otro. Simplemente por eso: cadencia dentro del ritmo.

Los párrafos extensos y el abuso de la paciencia del lector.

Cuando leo una novela aborrezco enormemente encontrarme con un diálogo del personaje (introducido por la respectiva raya) que ocupa veinte, veinticinco o treinta líneas. No son pocos los casos. Peor aún cuando en esas treinta líneas, las dos primeras son del diálogo propiamente, las veinticinco siguientes corresponden a un larguísimo inciso abrumador, y las restantes tres líneas completan el diálogo de las dos primeras. ¡Por Dios! ¡Qué paliza para el lector! En dos oportunidades, que recuerde, dejé sin terminar de leer la novela por encontrarme con un abuso excesivo de esos larguísimos monólogos, algunos de los cuales ocupaban ¡más de una página! Esos son los casos en los que grito: ¡Adoro el estilo periodístico! Arrojo el libro contra la pared y no lo vuelvo a agarrar.

Mi desagrado hacia los párrafos extensos —que gramaticalmente no tienen ninguna justificación, ninguna—, está a un paso de convertirse en fobia. Cuando estoy leyendo noticias en los periódicos online o artículos en alguna revista o blog, y veo toda una pantalla de arriba a bajo negra de apretadas líneas de texto que se prolongan hasta más y más abajo, sin un miserable punto y aparte; por más que el contenido resultaba de mi interés cierro y me voy para otro sitio. Que lo lea su madre, es lo primero que pienso.

En casos de un diálogo muy extenso por parte de un personaje, yo prefiero dividirlo en dos o más párrafos mediante el uso de las comillas. En el primero lo inicio con la barra. En el segundo y los demás que pueda haber los inicio utilizando las comillas angulares de cierre (»). Eso jamás le molestará al lector, antes bien, lo agradece. Por lo menos yo lo agradezco como lector. Para decidir el lugar por donde vas a fraccionar el diálogo priva el sentido común.

La representación de las conversaciones telefónicas.

En varias de mis novelas tengo bastantes conversaciones telefónicas. ¿Cómo hacer para representar lo que habla el personaje con su interlocutor?
En el cine lo han solucionado presentando una división de pantalla. En un lado está el sujeto principal hablando, en el otro está el interlocutor al otro lado del teléfono y se escucha lo que dice cada uno alternativamente. Magnífico recurso. ¿Cómo lo represento en el texto escrito?

En el caso de que el lector o los demás personajes precisen saber lo que dice la persona al otro lado del teléfono, un recurso, el más obvio, es el de utilizar las rayas de diálogo, tal cual se tratara de la conversación entre dos personas que se encuentran presentes en el mismo lugar.

Otro recurso, llamémosle más moderno, es poner a la persona hablando por el teléfono en el sistema llamado «de manos libres». En ese caso se convierte en la conversación entre dos individuos como si estuvieran juntos en el mismo lugar. Cada una de ellas la identificaremos con la respectiva raya de diálogo al inicio, tal como si los dos estuvieran presentes. Pero tal situación de justificar el uso de un teléfono con manos libres no siempre es práctica, posible o conveniente.

También podemos tener el caso de que para el lector no sea imprescindible saber, por completo, lo que dice la persona al otro lado del teléfono y que, por razones argumentales, tampoco convenga que lo sepan quienes estén presentes. ¿Cómo lo representamos?

Por más que busqué no conseguí aclaración en el libro de la RAE. Tampoco he leído ninguna novela donde se presente esa situación. De modo que tuve que extrapolar e irme por ese principio matemático del valor de los ángulos internos e internos. Encontré una solución. La podrás entender mediante un ejemplo (9).

El teléfono móvil de Adriana sonó. Miró en la pantalla quién era el que llamaba y contestó:
—Buenos días, mamá. ¿Qué ocurre que llamas a esta hora?
»¿Y cuándo ocurrió?
»¿Iba él solo en el auto?
»¿Cuál es su estado?
»Está bien, salgo para allá de inmediato.

En el segundo párrafo del diálogo no utilizo las comillas de apertura, ya que no estoy separando un monólogo interno del sujeto y no se tratan de sus pensamientos (como sí que es el caso del ejemplo #8), sino que él está respondiendo a lo que su interlocutor telefónico le dijo y no sabemos ni podemos escuchar, aunque nos lo podemos figurar, al menos en cierta medida.

Yo no sé si habrá otra forma que pueda considerarse «más correcta» en este caso. Considero que esta funciona bastante bien y es la que utilizo.

Solo me queda por recordarte que el texto que va entrecomillado, como discurso autónomo que es se encuentra sujeto a todas las reglas de la puntuación.

Escribir la raya y las comillas angulares.

A estas alturas, por poco que hayas escrito de una novela o de un cuento, ya te habrás percatado de que en los teclados de los ordenadores, así sean en español y traigan la letra «ñ», no traen las comillas angulares, sino solamente la diple de apertura y de cierre (< >). Tampoco traen la raya. Lo que conseguirás es el guion (-). Pero resulta que hay el guion, el guion largo (–) o raya mediana y la raya (—), y cada uno tiene diferente longitud. No es correcto iniciar una línea de diálogo con el guion corto ni con el mediano, solamente con la raya “larga”.

La pregunta es: ¿Cómo coloco esa raya y las comillas dobles si no están en el teclado?
Precisamente por esa dificultad añadida, es que la recomendación de la RAE se refiere al uso en los textos impresos, y es el motivo por el que todos nosotros usemos las comillas inglesas (” “) o las simples (‘ ‘) que sí están en el teclado, con preferencia en nuestros escritos.

En tu ordenador podrás encontrar esos signos especiales de puntuación abriendo el Mapa de Caracteres correspondiente a la tipografía que estés utilizando. Pero usarlo es una paliza.
Una solución práctica y salomónica es tener ya la raya y las comillas en una sencilla hojita de .txt y emplear el método del copia y pega. Es mejor que nada, te lo aseguro.

También puedes insertar un código Unicode. O uno ASCII pulsando la tecla «ALT» del ordenador y, en el teclado numérico, escribir el respectivo código. Esta es otra paliza mayor que no te podría recomendar y es mejor el copia y pega desde tu hoja de .txt.

Para aquellos ordenadores portátiles que no tengan teclado numérico les recomiendo el siguiente artículo: https://www.youbioit.com/es/article/shared-information/5809/como-escribir-caracteres-ascii-en-una-laptop

Para obtener el carácter denominado guion largo o raya, en los códigos Unicode tiene el valor 2014 y decimal 0155.
Sin embargo, te voy a dar un truquillo para representar la raya y las comillas angulares mediante el uso del Autocorrector de los procesadores de palabras. Si estás usando el MS Word:

opciones de word
• Vete a las Opciones de Word (donde sea que tu versión las tenga).
• En ‘Revisión’ vas a entrar en ‘Opciones de Autocorrección’.
En la imagen podrás ver que en las tres primeras líneas de la tabla que yo tengo en el mío, en las columnas que corresponden a reemplazar y a con, yo tengo dispuesto:

autocorreccion

(-     —
(<     «
(<     »

Con ello, cada vez que yo escriba la combinación (< MS Word me lo reemplazará por el símbolo «. Igual con los otros. En otras palabras: He seleccionado el símbolo de apertura de paréntesis seguido del símbolo de que dispongo en el teclado y quiero convertir en otro. Con eso no se me olvida cómo es que se logra.

Yo he usado ese método abreviado de solamente dos teclas, ya que no tengo ningún motivo para, después de abrir un paréntesis, querer escribir un guion, un diple de apertura o uno de cierre, y si lo necesitase tiene fácil solución inmediata. También podría haber elegido el cierre de paréntesis )< ya que, fuera de una coma, punto y coma, dos puntos o un punto (seguido o final) ningún otro signo o letra podría ir pegado a él. Pero tú puedes utilizar la combinación que te agrade más o te resulte más conveniente.
Espero que todo esto te haya sido de utilidad.

https://support.office.com/es-es/article/insertar-símbolos-y-caracteres-ascii-o-unicode-basados-en-el-alfabeto-latino-d13f58d3-7bcb-44a7-a4d5-972ee12e50e0

Nota aclaratoria.
Entre las palabras que la Real Academia aconseja que se escriban sin acento está la palabra guion.
Si acaso no estás en conocimiento de cuáles son esas palabras te dejaré un resumen:
La Real Academia aconseja que se escriban sin acento las siguientes palabras (que aquí se presentan acentuadas).

(verbo reír) rió, riáis
(verbo guiar) guié, guió, guiáis, guiéis
(verbo criar) crié, crió, criáis, criéis
(verbo liar) lié, lió, liáis, liéis
(verbo fiar) fié, fió, fiáis, fiéis
(verbo piar) pié, pió, piáis, piéis
(adjetivo) pión
(verbo freír) frió, friáis
(sustantivo) guión
(sustantivo) ión
(sustantivo) ruán
(sustantivo) truhán
fue, fui, dio vio.

Hay otras más. No ha sido un capricho de la Academia, sino aplicar las normas gramaticales. Es una recomendación, no una imposición o norma obligatoria; al menos por ahora. Yo la sigo. No me cuesta nada. Si no quieres equivocarte, en el Autocorrector puedes programar para que las escriba sin acento si tú te olvidases y por costumbre las acentúas. Aunque siempre es preferible que, si deseas seguir la recomendación, te acostumbres al cambio.

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